Mary Simón, GinebraEl Ejército israelí ha reconocido en un comunicado la muerte de diez activistas durante la toma de control de las naves, que tuvo lugar esta madrugada a unas veinte millas de la franja palestina.
Mary Simón, Ginebra
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Mary Simón, Ginebra La Organizacion Internacional del Trabajo (OIT) ha sonado nuevamente la alarma: 115 millones de ninos son empleados en condiciones similares a la esclavitud, la servidumbre, o con una alta peligrosidad para sus vidas o de contraer enfermedades de alto riesgo.
Y, aunque la OIT habla de una reducción del trabajo infantil, lo cierto es que hoy en día todavía hay un total de215 millones de niños trabajando. Visto de otra manera, un reflejo de esta contemporaneidad del mundo sin escrúpulos en el que vivimos o sobrevivimos, donde por demás la explotación sexual y el flagelo de la pornografía se han convertido en vicios muy de moda.
Según la OIT, la pobreza, pero más todavía la falta de voluntad política de los gobiernos pone en peligro la batalla determinante contra el trabajo infantil, tal como quedó plasmado hace 10 años con la aprobación del Convenio 182 (1999) de esa organización, destinado a erradircar las peores formas de trabajo infantil, y su predecesor el 138 (1973) que determina la edad mínima de admisión en el empleo.
El propio experto que recopiló las estadístidas para este informe de la OIT, Frank Hageman, ha reconocido que la crisis económica de los últimos a´nos "podría implicar un aumento del número de niños trabajadores".
El propósito declarado de la OIT: erradicar la explotación infantil para el 2016. Pero de persistir las tendencias en curso, resulta harto difícil imaginarse que esa meta será lograda, aún cuando se haya podido disminuir el trabajo infantil.
En el último decenio, a lo sumo, la aplicación de los dos mencionados convenios y otras normas establecidas por la OIT han permitido algunos avances, aunque en el fondo persisten importantes disparidades cualitativas. Dicho de otra manera, lo cierto es que hoy por hoy una gran mayoría de nuestra infancia carece de protección ante quienes no tienen reparo en explotar menos de entre 5 y 17 años para incrementar sus ganancias.
Paralelamente al empleo asalariado de menores, existe la modalidad del trabajo familiar, que es también una forma de encubrir la explotación de menores sobre todo en las edades comprendidas entre los 5 y los 17 años. En ese grupo se puede definir la presencia de "trabajadores familiares no remunerados", un 64 por ciento de los niños frente a un 73 por ciento de las niñas.
Resulta alarmante -dice un informe de la OIT- comprobar que el trabajo infantil ha aumentado un 20 por ciento entre los menores de 15 y 17 años, que ha pasado de 52 millones en 2004 a 62 millones en 2008, último año del que se disponen cifras, tras haberse analizado el comportamiento en más de 50 países.
Esta desproporcionalidad viene dada por el hecho de que los varones tienen mayores posibilidades de obtener empleos remunerados en la agricultura y la industria, en tanto las niñas por lo general quedan en el ámbito de los servicios.
En ese periodo, el número de varones en trabajos de peligrosidad, es decir jornadas laborales excesivamente largas o la exposición a sustancias contaminantes, como los pesticidas, o lugares de altos registros de insalubridad, creció en ocho millones.
De acuerdo con las estadísticas de la OIT, total de niños en el mundo ascendía en 2008 a 1.586 millones de niños en las edades comprendidas entre los 5 y los 17 años, lo que supone 20 millones más que en 2004 y un incremento del 1,3 por ciento en ese grupo debedad; de ellos hay 306 millones ocupados en la producción económica, un 17 por ciento menos que en 2004.
Según los datos de esa entidad y de la UNICEF, en América Latina, 17 millones de niños indígenas trabajan en labores agrícolas y en el área urbana se desempeñan en actividades domésticas, en construcción y como vendedores ambulantes.
El informe de la OIT precisa que el mayor número de niños que trabajan se concentra en la región de Asia y el Pacífico (113,6 millones), seguido del África Subsahariana (65,1 millones) y de América Latina y el Caribe (14,1 millones). Sin embargo, en el África Subsahariana se da el caso de que uno de cada cuatro menores es un trabajador, frente a uno de cada 10 en Latinoamerica.
En el fondo, estos datos reflejan que, por ejemplo, un 60 por ciento de los niños que faenan en el sector agrícola, lo hacen gratuitamente, como una forma de contribuir al sustento familiar, pero al precio de perder la niñez y las escasas oportunidades de conseguir una educación que les allane el camino para salir de la pobreza, tal como lo ha reconocido la propia OIT.
Más aún detrás de este panorama, se esconden grupos o mafias organizadas de inescrupulosos que se aprovechan de la miseria en que esta infancia pierde su encanto para emplearlos no sólo como fuerza de trabajo explotada, sino para otros fines, como la pornografía o el tráfico de seres.
"Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión." Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos . Mary Simón, Ginebra
Diecisiete años después que la ONU decretase, por iniciativa de la UNESCO, el Día Mundial de la Libertad de Prensa, esta jornada ha transcurrido en un momento particularmente difícil para los medios de comunicación, cuyos profesionales han devenido uno de los objetivos priorizados en las guerras o en los conflictos armados internos, o bajo el asedio de bandas de delincuentes o del narcotráfico.
Tal serían los casos de Afganistán, Colombia, Honduras, Iraq, México, Pakistán, entre otros. Hay países, como Cuba, donde seha impuesto mordaza y prisión a los exponentes de la prensa independiente. La ya conocida Primavera Negra de 2003 lo demuestra, más de 75 periodistas encarcelados, de los que aún 24 sobreviven tras las rejas.
Los datos confirman esta tendencia de violencia contra la libertad de prensa en el mundo: 40 periodistas muertos o asesinadosdesde que se inicio el año 2010. Un total de más de 400 desde junio de 2006, cuando la Campaña Emblema de Prensa (PEC), una ONG nacida dos años antes en Ginebra, se dio al empeño de observar este fenómeno tan presente en los conflictos que lamentablemente caracterizan la actualidad mundial.
Esa cifra equivale en términos matemáticos a un promedio de 100 periodistas asesinados por año, algo inimaginable en décadas anteriores, o sencillamente, no se llevaban las estadísticas.
El minuto de silencio observado este año por primera vez y por iniciativa de la UNESCO, tanto en la sede de la ONU, como en una gran mayoría de redacciones del mundo entero, rinde homenaje a todos aquellos periodistas que han dejado su vida en el campo de batalla: el ejercicio del derecho a la información.
Ciertamente, refleja una voluntad de luchar contra la impunidad que gozan los responsables de estas muertes y de cómo se van dejando de lado casos tan violentos como el asesinato en Rusia, en 2006, de la periodista Anna Politkóvskaya, consagrada en la cobertura de la segunda guerra en Chechenia.
En Latinoamérica, la situación es crítica para el ejercicio del periodismo. No sólo en Cuba se les reprime con violencia, se les encarcela o se les fuerza al destierro. Hay casos, como los de Honduras, México y Colombia, en los que la profesión también se realiza en medio de una imparable violencia.
Según la Federación de Periodistas de América Latina y el Caribe (FEPALC) en los primeros 120 días del año en curso, siete periodistas han sido asesinados en Honduras, seis en México y otros tres en Colombia, sin que la respuesta oficial a investigaciones haya reflejado un compromiso por identificar o juzgar a los autores de estos crímenes.
En otros, como es el caso de Venezuela, la opción gubernamental de impedir la alternativa informativa de algunos comunicadorespasa por el despido de éstos o sencillamente, el cierre de los órganos de prensa.
En la región Latinoamericana, a juicio de la FEPALC, se emplena además métodos como las querellas judiciales que se ha convertido en la mejor arma para silenciar la verdad de los que cumplen con el deber de informar.
Este año, Amnistía Internacional ha defendido el derecho a la información independiente que llevan a cabo en condiciones extremas los periodistas no asalariados del gobierno de La Habana, al que ha exigido el cese de la represión contra los periodistas independientes.
La propia Federación Internacional de Periodistas reconoce que no puede haber libertad de prensa si los periodistas están obligados a ejercer su profesión en un entorno de corrupción, pobreza o miedo. Para la FIP, la precariedad en el periodismo degrada la democracia, y los últimos cinco años –apunta- han sido negros para los periodistas en Latinoamérica, ya que a los asesinatos, se han sumado las desapariciones, las amenazadas, las agresiones y las presiones jurídicas contra los comunicadores.
La organización Reporteros sin Fronteras (RSF) ha ido mucho más lejos en sus enfoques, con la publicación de una lista de 40 personas, milicias y grupos a los que califica de "depredadores de la libertad", y en la que se incluye al actual gobernante de La Habana, Raúl Castro, junto a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), los paramilitares de derecha colombianos y los cárteles del narcotráfico en México.
RSF -al igual que en otros años hizo la PEC- ha situado a México como el país de mayor peligrosidad para los periodistas: 62 han muerto desde 2006 y 10 desaparecieron desde 2003.
Y es que hoy en día cada vez más se han hecho realidad las palabras del escritor, dramaturgo y poeta danés Hans Christian Andersen: “la prensa es la artillería de la libertad”.
Pero también las del periodista e historiador mexicano Joaquín Francisco Zarco Mateos, célebre exponente de la época de las reformas liberales, cuando defendió el principio de que "la prensa no sólo es el arma más poderosa contra la tiranía y el despotismo, sino el instrumento más eficaz y más activo del progreso y la civilización".
Y nada más me honra que recordar al Apóstol de Cuba, José Martí (1853-1895) quien mucho antes de la Declaración Universal de Derechos Humanos, había esgrimido similares principios: "La libertad es el derecho que tienen las personas de actuar libremente, pensar y hablar sin hipocresía... La libertad es la esencia de la vida".