Mary Simón, GinebraLa ONU teme una nueva crisis humanitaria en Kirguizistán, tras el estallido –el 11 de junio- de una ola de violencia aparentemente interétnica, que en sólo seis días provocó la muerte a unas 200 personas y el desplazamiento de otras 400.000 y amenaza con extenderse por toda esa región del Asia Central.
Las agencias del sistema humanitario de la ONU han comenzado a movilizar recursos para enfrentar la ola de nuevos refugiados, que según los datos proporcionados este viernes por la Oficina de Asuntos Humanitarios (OCHA) serían unos 300.000 desplazados internos y otros 100.000 que habrían logrado cruzar las fronteras, sobre todo hacia la vecina Uzbekistán.
De acuerdo con OCHA, los que han escapado al país fronterizo, por lo general son uzbekos. El subsecretario general de la ONU para Asuntos Humanitarios, el británico John Holmes, ha asegurado que 80.000 de los cien mil refugiados han sido ubicados en campamentos improvisados.
Con 198.500 kilómetros cuadrados, Kirguizistán, cuenta con una población de 5,3 millones de habitantes, de los cuales un 14 por ciento son uzbekos. La mayoría de la población está asentada en el suroeste del país, justamente envuelta en esta espiral de violencia interétnica.
La gravedad de la situación fue objeto de una fuerte denuncia por parte del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, que en su último día de sesiones en Ginebra, adoptó por consenso una resolución de condena a las graves violaciones a los derechos humanos que se están cometiendo en las ciudades de Osh y Jalalabad, así como las reportadas durante el reciente cambio de Gobierno.
El CDH ha llamado al cese de hostilidades a todas las partes involucradas en el conflicto y ha pedido al Gobierno a realizar una investigación transparente sobre las víctimas del brote de violencia interétnica, así como durante el cambio de Gobierno del 7 de abril pasado.
De llevarse a cabo esa investigación podría conocerse la veracidad de las denuncias formuladas en el sentido de que este estallido de violencia no ha sido un suceso casual, sino provocado por partidarios del depuesto presidente Kurmanbek Bakiev, actualmente refugiado en Bielorrusia.
El Gobierno de la presidenta interina kirguis, Rosa Otunbáyeva, ha responsabilizado a los partidarios del depuesto presidente Kurmanbek Bakiev, quien se encuentra refugiado en Bielorrusia. Los nuevos gobernantes de Bishkek, (la capital del Kirguizistán), han reclamado la extradición de Bakiev.
En Nueva York, el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, pidió a los países donantes cerca de 71 millones de dólares (41 millones de euros) para asumir las necesidades básicas de casi un millón de damnificados por el brote de violencia en Kirguizistán.
El secretario general se ha declarado preocupado por la escasez de alimentos, agua, electricidad en las aéreas afectadas a causa de los saqueos, mientras aumenta el desabastecimiento y las restricciones a la libertad de movimiento. Pero también, se corre el riesgo de que se agoten los medicamentos en los hospitales y demás centros de salud.
La cifra estimada mencionada por el máximo responsable de la ONU coincide con las avanzadas este mismo viernes en Ginebra por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
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