jueves, 17 de junio de 2010

Gran Bretaña pide perdón por "Domingo Sangriento" en el Ulster

Mary Simón, Ginebra 

La matanza en el Ulster, 38 años atrás, que ha pasado a la historia como “Domingo Sangriento”, generador de una larga ola de violencia extrema en Irlanda del Norte, fue una injusticia.  Así lo ha reconocido este martes el primer ministro británico, el conservador David Cameron, quien ha dicho claramente  “fue un acto injustificado e injustificable”.

Ante miles de norirlandeses concentrados en una plaza de Londonderry, Cameron ha pedido perdón a nombre de Gran Bretaña y de todo el país a los familiares de los 14 católicos muertos el 30 de enero de 1972, cuando fuerzas del Ejército irrumpieron contra una manifestación –ilegal pero pacífica- de civiles en defensa de sus derechos cívicos en Derry (Irlanda del Norte).

El recién estrenado premier  intervenía ante la sala de los Comunes para dar a conocer el resultado final del informe  de Lord Mark Seville, juez del Tribunal Supremo, un más que vergonzante compendio de 12 años de investigaciones, que ha recogido en 5.000 páginas la verdad testimonial de lo ocurrido aquel domingo.

Las conclusiones de la investigación, tras haber entrevistado a más de 2.500 testigos, entre 1998 y 2004, dejan bien establecida la inocencia de las víctimas y el hecho de que el Ejército fue el primero en disparar.

A menos de una semana de asumir la jefatura del Gobierno, Cameron ha tenido que asumir el hecho: “algunos miembros de nuestras Fuerzas Armadas actuaron erróneamente”, un trago tan amargo de avalar como el de tener que enfrentarse a un déficit presupuestario récord que supera el 11 por ciento de la producción nacional, en una Europa Comunitaria asediada por la crisis.

“Los manifestantes no portaban armas,  no constituían amenaza alguna, ni de muerte, ni de heridas graves,  para los soldados”, dijo Cameron ante los Comunes. Por lo tanto, aquellas versiones de la primera investigación (1972), hecha rápidamente a raíz de los sangrientos enfrentamientos, han quedado eliminadas.


En esa ocasión, se dijo que “los soldados reaccionaron a ataques o amenazas de ataques con armas o bombas caseras…” Pero, las conclusiones de Lord Seville establecen ahora todo lo contrario. El propio Cameron admitió que  “la unidad de apoyo, soldados del regimiento de paracaidistas, tirotearon sin previa advertencia a los manifestantes, ignoraron las órdenes, perdieron el control de sí mismos y la disciplina”.

“El primer disparo –asegura el documento- llegó de las filas del Ejército y sin previo aviso  y, aunque hubo algún disparo desde las filas republicanas, ninguno de esos disparos ofrecía justificación de ningún tipo para que se tiroteara a víctimas civiles”.

Muy al “british style”, la identidad de los militares responsables de la matanza se mantiene en confidencialidad, ya que sólo se ha pretendido rescatar la verdad y obtener justicia sin desvelar las identidades de los culpables.

Sin embargo, del lado de los manifestantes, cabe recordar las declaraciones del actual vice primer ministro de Irlanda de Norte, Martin McGuinness, quien testimonió ante el Tribunal Seville. El fatídico domingo, McGuinnes era el segundo en la línea de mando del Ejército Republicano Irlandés, popularmente conocido como IRA.

Según las investigaciones, efectivamente McGuinnes participó de la manifestación, e incluso se presume que pudo haber ido armado, pero que “no se involucró en ninguna acción que diera a los soldados justificación alguna para abrir  fuego”. Y así lo desveló Cameron en los Comunes.

La controvertida investigación –que ha costado 200 millones de libras esterlinas (unos 300 millones de dólares)- fue encomendada al  juez Lord Seville por el ex primer ministro Tony Blair, como parte de los esfuerzos que realizaba para lograr el apoyo de los republicanos  a fin de concluir el que más tarde se conocería como Acuerdo del Viernes Santo.

Ese acuerdo, firmado el 10 de abril de 1998, tras largas y espinosas negociaciones, sentó las bases de un nuevo gobierno, bajo las premisas de un poder compartido entre católicos (minoría) y protestantes (mayoría), como medio de solucionar la espiral de violencia que azotaba a la provincia desde fines de la década de los años 60.

El “Domingo Sangriento” hizo cambiar el curso de los acontecimientos en el conflicto norirlandés. Vale recordar que en 1972, el año de mayor violencia entre las partes en conflicto, provocó la muerte de 472 personas, de las cuales un centenar eran soldados británicos.

El conflicto entre el IRA, empeñado en incoporar el Ulster a Irlanda del Norte, país al sur y profundamente católico, las fuerzas británicas y los grupos unionistas que pujaban por mantener la autoridad de Londres, en total, dejó un saldo de 3,500 muertos en sus 30 años de duración. 

Las conclusiones del Informe de Lord Seville si bien exonera de culpas a las víctimas, y en general a los participantes en la marcha,  podrían dar paso a una nueva etapa de tensiones, toda vez que están muy recientes aún las heridas y los problemas que durante tres décadas convirtieron a esa región en un verdadero infierno.

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