miércoles, 26 de mayo de 2010

La OMS y el combate contra el alcoholismo

Mary Simón, Ginebra

La estrategia recién adoptada por la Organización Mundial de la Salud para combatir el uso del alcohol refleja una voluntad política de los gobiernos de los 193 países miembros de esa entidad en enfrentar una adicción que cada año está vinculada a la muerte de unos dos millones y medio de personas y pone un punto final a varios años de controvertidas negociaciones.

El consumo nocivo de alcohol acrecienta las muertes por enfermedades asociadas, como las cardiovasculares, la obesidad, la cirrosis y varios tipos de cáncer. En el orden social, con los suicidios y accidentes de tránsito. Y en este caso específico, existe una fuerte evidencia de que un límite bajo de concentración de alcohol en sangre -del 0,02 al 0,05 por ciento- es efectivo para reducir los accidentes de tránsito inducidos por el consumo de alcohol.

Según los expertos de la agencia sanitaria de la ONU, en su conjunto los fallecimientos por o vinculados al alcoholismo acaparan el 3,8 por ciento de todas las muertes.

La estrategia anti-alcohol fue conformada en un paquete de recomendaciones expuestas en 24 páginas de un informe de la OMS, -de carácter no vinculante-, que adquiere mayores dimensiones si se tiene en cuenta que el abuso del alcohol se ha convertido en el tercer factor de riesgo de muertes prematuras y discapacidades en todo el mundo.

En el caso de la tuberculosis, los especialistas han establecido una relación causal con la adicción al alcohol. De ahí que el Dr Vladimir Poznyak, uno de los expertos encargados en la OMS del abuso de las sustancias nocivas, afirme que es imposible lograr un control efectivo de la tuberculosis sin analizar el fenómeno del consumo de alcohol.

Un dato a tener en cuenta: en cifras, el consumo de alcohol anualmente provoca la muerte de 320 mil adolescentes de entre 15 y 29 años, y genera una agravante de mayor incidencia de enfermedades de transmisión sexual, particularmente del vih/sida, entre los jóvenes adictos a las bebidas alcohólicas.

El consumo de alcohol, puede –incluso- interferir en el desarrollo del cerebro de los adolescentes. Y en el caso de las mujeres adultas es uno de los pocos factores de riesgo conocidos para el cáncer de seno, según investigaciones hechas por especialistas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard.

Entre 1999 y 2007 se realizó la investigación “Consumo de alcohol en adolescentes y riesgo de enfermedad benigna del pecho en mujeres jóvenes”, que en principio implicó a 9,000 jóvenes de nueve a 15 años, en 50 estados de EEUU.

En 2003, bajo la dirección de Catherine S. Berkey, se procedió a encuestar entre las j’ovenes de de 16 a 23 años, acerca del consumo de alcohol en años previos y dos o más años más tarde, un total de seis mil 899 mujeres, de 18 a 27 años fueron diagnosticadas con una enfermedad benigna del pecho.

El plan de una decena de puntos clave fue refrendado el jueves 20 de mayo, justo en las vísperas del cierre de la 63 reunión anual OMS, tras el empuje negociador de los países nórdicos, muy en especial Noruega, donde ya existe una serie de medidas tendientes a limitar el uso del alcohol, en particular un impuesto relativamente alto a las bebidas alcohólicas.

Para algunos observadores, la flamante estrategia lleva implícito el elemento de la fragilidad, puesto que su aceptación no vincula obligación jurídica alguna, pero la OMS mantiene el criterio de que en esa entidad son muy pocos los acuerdos de obligatoriedad, y que por lo tanto queda a la potestad de los gobiernos su compromiso de aplicar las recomendaciones correspondientes a esta estrategia, sobre la base de sus prioridades de salud y los recursos disponibles.

Aprobado por consenso, el plan ha contado en general con el respaldo de productores y exportadores de bebidas alcohólicas y licores, el sector sobre el cual van a gravitar las mayores medidas de control. Hace algunos años era inimaginable llegar a este consenso, debido a la resistencia de las grandes empresas productoras o exportadoras de bebidas alcohólicas, como pudiera ser el Grupo Mundial de Productores de Alcohol, que agrupa a Heineken, Diageo, Anheuser-Busch Inbev, entre otros.

El aumento en la imposición a las bebidas alcohólicas, podría tener una doble lectura. De un lado efectivamente disminuir el consumo, del otro aumentar la producción de alcoholes fabricados y distribuidos ilícitamente. Un consumo que supone entre el 30 y el 50 por ciento en numerosos países, una situación harto difícil que los gobiernos tendrán que sortear dentro de la actual estrategia.

Hay quienes mantienen el criterio de que el éxito de este plan recaerá en el terreno meramente político. Dicho de otra manera, se podrá o no combatir el uso nocivo del alcohol a escala mundial en la medida en que los países asociados a la OMS den forma concreta a un programa que va desde el aumento de los impuestos a las bebidas alcohólicas, hasta una serie de regulaciones de mercado, incluidas la publicidad y la política de precios al consumidor.

En definitiva, los gobiernos tendrán que reordenar sus legislaturas sobre cuestiones tales como la ebriedad, o la edad legal mínima para el consumo del alcohol, que para la Academia Americana de Pediatría está fijada en los 21 años, una disposición ampliamente violada tanto en Estado Unidos como en el conjunto de Latinoamérica.

No hay comentarios:

Publicar un comentario