martes, 4 de mayo de 2010

La libertad de la prensa acosada

"Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión." Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos .

Mary Simón, Ginebra

Diecisiete años después que la ONU decretase, por iniciativa de la UNESCO, el Día Mundial de la Libertad de Prensa, esta jornada ha transcurrido en un momento particularmente difícil para los medios de comunicación, cuyos profesionales han devenido uno de los objetivos priorizados en las guerras o en los conflictos armados internos, o bajo el asedio de bandas de delincuentes o del narcotráfico.

Tal serían los casos de Afganistán, Colombia, Honduras, Iraq, México, Pakistán, entre otros. Hay países, como Cuba, donde seha impuesto mordaza y prisión a los exponentes de la prensa independiente. La ya conocida Primavera Negra de 2003 lo demuestra, más de 75 periodistas encarcelados, de los que aún 24 sobreviven tras las rejas.

Los datos confirman esta tendencia de violencia contra la libertad de prensa en el mundo: 40 periodistas muertos o asesinadosdesde que se inicio el año 2010. Un total de más de 400 desde junio de 2006, cuando la Campaña Emblema de Prensa (PEC), una ONG nacida dos años antes en Ginebra, se dio al empeño de observar este fenómeno tan presente en los conflictos que lamentablemente caracterizan la actualidad mundial.

Esa cifra equivale en términos matemáticos a un promedio de 100 periodistas asesinados por año, algo inimaginable en décadas anteriores, o sencillamente, no se llevaban las estadísticas.

El minuto de silencio observado este año por primera vez y por iniciativa de la UNESCO, tanto en la sede de la ONU, como en una gran mayoría de redacciones del mundo entero, rinde homenaje a todos aquellos periodistas que han dejado su vida en el campo de batalla: el ejercicio del derecho a la información.

Ciertamente, refleja una voluntad de luchar contra la impunidad que gozan los responsables de estas muertes y de cómo se van dejando de lado casos tan violentos como el asesinato en Rusia, en 2006, de la periodista Anna Politkóvskaya, consagrada en la cobertura de la segunda guerra en Chechenia.

En Latinoamérica, la situación es crítica para el ejercicio del periodismo. No sólo en Cuba se les reprime con violencia, se les encarcela o se les fuerza al destierro. Hay casos, como los de Honduras, México y Colombia, en los que la profesión también se realiza en medio de una imparable violencia.

Según la Federación de Periodistas de América Latina y el Caribe (FEPALC) en los primeros 120 días del año en curso, siete periodistas han sido asesinados en Honduras, seis en México y otros tres en Colombia, sin que la respuesta oficial a investigaciones haya reflejado un compromiso por identificar o juzgar a los autores de estos crímenes.

En otros, como es el caso de Venezuela, la opción gubernamental de impedir la alternativa informativa de algunos comunicadorespasa por el despido de éstos o sencillamente, el cierre de los órganos de prensa.

En la región Latinoamericana, a juicio de la FEPALC, se emplena además métodos como las querellas judiciales que se ha convertido en la mejor arma para silenciar la verdad de los que cumplen con el deber de informar.

Este año, Amnistía Internacional ha defendido el derecho a la información independiente que llevan a cabo en condiciones extremas los periodistas no asalariados del gobierno de La Habana, al que ha exigido el cese de la represión contra los periodistas independientes.

La propia Federación Internacional de Periodistas reconoce que no puede haber libertad de prensa si los periodistas están obligados a ejercer su profesión en un entorno de corrupción, pobreza o miedo. Para la FIP, la precariedad en el periodismo degrada la democracia, y los últimos cinco años –apunta- han sido negros para los periodistas en Latinoamérica, ya que a los asesinatos, se han sumado las desapariciones, las amenazadas, las agresiones y las presiones jurídicas contra los comunicadores.

La organización Reporteros sin Fronteras (RSF) ha ido mucho más lejos en sus enfoques, con la publicación de una lista de 40 personas, milicias y grupos a los que califica de "depredadores de la libertad", y en la que se incluye al actual gobernante de La Habana, Raúl Castro, junto a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), los paramilitares de derecha colombianos y los cárteles del narcotráfico en México.

RSF -al igual que en otros años hizo la PEC- ha situado a México como el país de mayor peligrosidad para los periodistas: 62 han muerto desde 2006 y 10 desaparecieron desde 2003.

Y es que hoy en día cada vez más se han hecho realidad las palabras del escritor, dramaturgo y poeta danés Hans Christian Andersen: “la prensa es la artillería de la libertad”.

Pero también las del periodista e historiador mexicano Joaquín Francisco Zarco Mateos, célebre exponente de la época de las reformas liberales, cuando defendió el principio de que "la prensa no sólo es el arma más poderosa contra la tiranía y el despotismo, sino el instrumento más eficaz y más activo del progreso y la civilización".

Y nada más me honra que recordar al Apóstol de Cuba, José Martí (1853-1895) quien mucho antes de la Declaración Universal de Derechos Humanos, había esgrimido similares principios: "La libertad es el derecho que tienen las personas de actuar libremente, pensar y hablar sin hipocresía... La libertad es la esencia de la vida".

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