martes, 21 de abril de 2009

Irán busca eliminar el derecho de veto en el Consejo de Seguridad

La Conferencia de la ONU contra el racismo se desarrolla en Ginebra tras un espinoso proceso de negociaciones, que a juicio de países del tercer mundo y organizaciones de derechos humanos ha puesto de relieve la persistencia de enfoques diametralmente opuestos entre ciertos estados occidentales y el resto de los intentan avanzar hacia una nueva era de lucha contra el racismo y todas sus expresiones.
Mary Simón

La pauta para ese arranque venía dada por la predecesora Conferencia de Durban, cuando en 2001 se adoptaron una serie de principios y compromisos, que todavía hoy en día mantienen su vigencia, independientemente del rechazo generado en su momento por la pretensión de que se incluyesen denuncias expresas a Israel, o de las disecciones subsecuentes de países como Estados Unidos, opuestos a tales referencia, -presentes hasta hace solo escasos cinco días en los textos a negociar ahora en Ginebra- y que finalmente han optado por no participar en las negociaciones ginebrinas.

Marcaba la apertura de las discusiones un ya habitual segmento general que podría ser tomado de patrón para los cinco días de discusiones que deben desarrollarse en torno a la aplicación del programa de acción adoptado en Durban en 2001.

La presencia del presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, el único jefe de estado que asiste a este encuentro, ha generado tal controversia, que hasta su discurso y su conferencia de prensa en el Palacio de las Naciones fueron “rociadas” de estridentes gritos de “vergüenza”, “asesino”, entre otros, por organizaciones judías.

Como efecto colateral, la entrevista del presidente de la Confederación Helvética, Hanz Rudolf-Merz, con el presidente Ahmadinejad, provocó la llamada a consulta del embajador de Israel, un hecho visto como una señal de protesta.

Sin embargo, el estadista aprovechó la oportunidad para mantener su denuncia al estado de Israel por su política contra los pueblos árabes, en especial el palestino, así como promover y sustentar una iniciativa iraní de reformas en el Consejo de Seguridad de la ONU.

En la rueda de prensa, al igual que en el plenario, Ahmedinejad, expuso abiertamente su criterio de que “el veto en el Consejo de Seguridad de la ONU es una violación flagrante y delirante”. Que además, “viola y discrimina” el derecho de cada uno de los estados miembros de la organización.
Y de ahí, su propuesta de que se elimine el derecho al veto, un instrumento que considera ineficaz y que no responde a criterios democráticos, pues no se cumple el principio de un país un voto. Esa es en síntesis su movida.

Por su parte, el conjunto de países de la Unión Europea abandonó la sala en protesta por la presencia del presidente iraní, justamente cuando le correspondía entrar al plenario a exponer sus puntos de vista. Así mismo, en el plenario se escucharon voces de “racista, racista”, asesino”, lanzadas por asociaciones judías allí presentes.

Si bien el Secretario General de la ONU, Ban Ki Moon, insistió el lunes en que el momento había llegado para superar las divisiones y para que la comunidad internacional se uniese para enfrentar definitivamente el racismo, y para que los derechos humanos se mantengan como la base de los principios fundamentales de la sociedad, muchas ONG se mostraban escépticas a los posibles resultados de esta ginebrina cita.

La ausencia de Estados Unidos ha sido calibrada de diferentes maneras. Para algunos gobiernos resulta frustrante que la nueva administración norteamericana no haya podido sobreponerse a los intereses políticos internos o a la herencia republicana y que no haya roto con esos esquemas con la aceptación de participar, y desde luego, sumarse a la negociación.

Sin embargo, he escuchado opiniones flexibles al hecho de que el presidente Barack Obama haya desistido de la participación estadounidense en Durban II. Uno de los miembros del comité de seguimiento del plan de acción de Durban, el panameño Humberto R. Brown, dijo que la ausencia de Estados Unidos es sensible pero no determinante porque esta reunión no es fruto de un acuerdo o una negociación surgida de una decisión del Alto Comisionado de Derechos Humanos, para cumplir con los acuerdos de hace cinco años.

“Esta conferencia sale de la iniciativa de la sociedad civil latinoamericana, que hace un pacto, un acuerdo con sus gobiernos y exige que nuestros gobiernos exijan una evaluación de Durban. En definitiva, en sus comentarios, Brown llega a la conclusión de que hasta ahora el flamante Consejo de Derechos Humanos que sustituyó a la politizada CDH, ha funcionado sin la presencia de Estados Unidos”.

En su opinión, el hecho de poder celebrar esta conferencia viene en correspondencia con un logro de la región latinoamericana y caribeña que exigió una evaluación y un seguimiento efectivo a Durban I respondiendo a sus poblaciones afro-descendientes, migrantes, mujeres e indígenas.

En definitiva, Brown estima que “el documento de seguimiento que sale de esta conferencia, es un documento que refleja la debilidad que ha habido en la implementación por parte de varios gobiernos”. Nos parece -subrayó- que si esta conferencia triunfa es porque la sacamos de toda la conspiración que promovió el odio y el antisemitismo y que representa la esperanza de millones de personas de la urgencia de acabar con el racismo, ese fenómeno que obstruye la dignidad de millones de personas en numerosos países".

Al análisis hecho por Brown, se pueden vincular las palabras del delegado noruego que en el plenario volvió a respaldar la valía del documento aprobado el pasado fin de semana que fue pulido en más de una ocasión para limpiarle referencias delicadas como “las del antisemitismo, o los estereotipos negativos de las religiones como una amenaza a los derechos humanos”.

Noruega, que no es miembro de la Unión Europea, junto a Egipto y Bélgica, fue uno de los países que negociaron el proyecto de programa de Durban II, que si se llega a aprobar sin nuevas modificaciones o adiciones, podría servir de pauta para la nueva etapa que se intenta generar.

Y desde el prisma de los Países No Alineados, liderados por Cuba, ha sido un buen comienzo el que la propuesta consensuada por ese bloque haya permitido designar al procurador general de Kenya, Amos Wako, para presidir esta Conferencia de Durban II.

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