miércoles, 22 de abril de 2009

Durban II atacada por las controversias

El abandono de la República Checa, actual presidencia de la Unión Europea, de la Conferencia sobre Racismo de la ONU, en protesta por los propósitos racistas del presidente iraní, ha precipitado los movimientos entre bastidores.
Mary Simón

Apenas comenzada la conferencia ya se avizoraba un escenario de fracaso del encuentro o en su defecto una adopción precipitada del documento final, objeto de numerosas controversias, como alternativa in extremis.

La retirada de la diplomacia checa de la negociación el mismo día de la inauguración de la que está llamada a ser Durban II, confirmó crecientes inquietudes de que la reunión destinada a controlar la aplicación del programa de acción contra el racismo adoptado en esa ciudad sudafricana en 2001, podría convertirse en un escenario de confrontaciones políticas.

En efecto, la salida de la República Checa tuvo lugar el mismo lunes 20, poco después que los representantes de la UE abandonaran la sala del plenario para no estar presentes en el momento en que el presidente iraní, Mahmud Admadineyad, pronunciase su discurso.

La medida adoptada por los comunitarios constituía una evidente señal de protesta por la presencia de Ademadineyad en este foro y por lo que consideraban desproporcionados propósitos.

A sólo 24 horas de la apertura, ya se comentaba en medios oficiosos una posible reunión de urgencia de todas las delegaciones asistentes para dar el mazazo final de aprobación urgente del documento revisor del plan de acción, o en su defecto, la re apertura de una negociación, que la mayoría de los países del Tercer Mundo consideraban podría conducir inequívocamente al fracaso total del encuentro.

Fuentes oficiales confirmaron que poco después del discurso del presidente iraní, se había determinado el abandono de la delegación checa de esta conferencia. Un foro que retardado en más de cuatro años debía servir para medir la ejecución de lo pactado en la ciudad sudafricana de Durban: un programa que también fue aprobado en medio de una fuerte controversia hace ocho años.

En esa ocasión, Estados Unidos e Israel se retiraron de la negociación tras manifestaciones contra Israel y una declaración que fue promovida por la sociedad civil y que fue considerada por ambos países con contenido antisemita.

La posición asumida en Ginebra por República Checa se unía a la de Estados Unidos, Israel, Italia, Australia, Canadá, Polonia, Alemania, Holanda y Nueva Zelanda, países que se habían negado a asistir a esta Conferencia de la ONU, por el temor de que también se convirtiese en un foro antisemita.

En este escenario, la intervención del gobernante iraní ha provocado un enjambre de encontradas reacciones, que van desde las manifestaciones de respaldo por parte de representaciones árabes en el plenario, y del conjunto del bloque de los No Alineados, lidereado por Cuba, hasta la propia escenificación de fuertes críticas, incluso con la aparición de imágenes de un payaso en el mismo y abucheos de “racista” a Ademadineyad.

Representantes de la Agencia Judía Internacional, que participaron en una emotiva ceremonia de conmemoración de la Shoa, en la Plaza de las Naciones, calificaron su discurso de incitación al odio racial. Algún que otro funcionario onudiense, a título personal, dejó entrever recelo al hecho de que se diese tanta prioridad al mandatario iraní.

El relator especial de la ONU contra el racismo, el senegalés Doudou Diène, sin dejar de reconocer que el discurso del presidente iraní mantiene un enfoque provocador al considerar el sionismo como racismo, admite que ése es el prisma imperante en muchos países del Tercer Mundo.

Hubo diversidad de opiniones en cuanto a si Ademadineyad habría o no realmente negado el Holocausto, o si sólo se habría referido a las víctimas del mismo, pretendiendo de alguna manera pasar por alto su significación histórica.

Preocupadas por el giro que podría tomar la Conferencia, tras el abandono de la República Checa, algunas delegaciones latinoamericanas insistieron en la urgencia de evitar a toda costa que se cumpliese el presagio de un fracaso. Y, para ello había que obtener una aprobación rápida del texto obtenido la semana pasada en la última pero no menos escabrosa fase final preparatoria.

Caso contrario, se corría el riesgo de que otros países, fundamentalmente del grupo occidental, si bien no se retirasen de las negociaciones, intentasen introducir nuevas modificaciones, más allá de las ya eliminadas referencias antisemitas o estereotipadas sobre el efecto negativo que pudieran tener las creencias religiosas en el ámbito de los derechos humanos.

De ahí que países miembros del Grupo Latinoamericano y del Caribe (GRULAC) hubiesen considerado entre sí proponer a la presidencia kenyana una posición de fuerza, convocar una reunión urgente del plenario y proceder a la votación del texto en cuestión.

Mientras africanos y asiáticos parecían dispuestos a cerrar filas con el GRULAC, exponentes del grupo occidental no llegaban a mantener una posición consensuada, unos criticaban el documento que debia ser aprobado, pero sin llegar a vetarlo totalmente, de manera que las puertas quedaban abiertas para que insólitamente, el texto de declaración final fuese adoptado sin llegar a la clausura de la reunión.

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